En 1952, la Argentina cede a las presiones de los EE.UU. y decide enviar un contingente de tropas para detener el avance comunista en aquella península. Cuando la idea fue comunicada a la sociedad, el rechazo generalizado obligó al gobierno a tomar una solución de compromiso; no se enviarían conscriptos a combatir, iría un grupo de pilotos que desde hacía años ya participaba en conflictos externos.